Nadie ha de sentirse sólo, a no ser que sea una soledad decidida, de esas que a través del silencio, lo dicen todo.
Las manos se hicieron para agarrarse y mi hombro para ser apoyadero de tu cabeza... Las pupilas para ser espejo de otras pupilas, la noche para abrazarse, el día para pasear o vivecersa, que en el amor verdadero no hay lógicas, plazos, horarios o cadenas.